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El senderista que comparte las historias que esconde Hawái

El naturalista Rob Pacheco se propuso compartir con el mundo las maravillosas historias que esconden los paisajes de Hawái y qué mejor manera que hacerlo durante una ruta de senderismo.

 

«Rob Pacheco, senderista de profesión»,  así introducía el periódico This Week Hawaii al cofundador de Hawaii Forest and Trail. No suena nada mal. Y en cierto sentido tienen toda la razón. Pero esta descripción no enfatiza suficientemente el papel que Rob desempeña en la concienciación de la protección de los hábitats naturales únicos de Hawái. Pero Rob estaría muy de acuerdo en que la mejor manera de acercarse a la naturaleza única de la isla es a pie. 


Desde que fundó la empresa de tours en 1993 con su esposa Cindy, Rob ha dedicado sus días a compartir con los demás su pasión por la increíble diversidad de la naturaleza y el paisaje de las islas. Para Rob, pasar tiempo en la naturaleza no es un trabajo. Es una vocación. Y aunque Rob no lo cambiaría, nunca sintió que tenía otra opción. «Es lo que soy», afirma Rob. 

 

 

La pasión de Rob por la naturaleza comenzó mucho antes de llegar a la isla. De hecho, empezó explorando la colección de libros de sus padres.

 

«Desde muy joven leía todo lo que caía en mis manos», recuerda Rob. «De hecho, leí la World Book Encyclopedia completa en cuarto y quinto grado. 

 

Al crecer en la zona rural del norte de California, estaba rodeado de campos, humedales, arroyos y ríos. Mis primeros recuerdos son explorar y jugar en este paisaje conocido como Butte Sink. Es una zona de descanso importante para las aves de la ruta migratoria del Pacífico, una de las grandes rutas migratorias del planeta. Cada otoño y, en menor medida, en primavera, millones de aves descienden allí creando un gran espectáculo».

 

«Mis padres tenían un ejemplar del libro Birds of North America (Pájaros de Norteamérica) de [James] Audubon.Una mañana de verano, cogí este enorme libro de tapa dura y me senté en un gran arbusto de juncos tule con un viejo par de prismáticos de mi madre. Quería averiguar el nombre de un pájaro que se escondía entre los matorrales. Todo el mundo lo llamaba el sh*tsquawk. Se llamaba sh*tsquawk porque cuando se le molestaba estallaba en el aire con un fuerte graznido mientras simultáneamente... bueno, se ya os imagináis».

 

«Tras un rato de espera, encontré al pájaro erguido, perfectamente inmóvil en las sombras. Abrí el Audubon y allí, en la primera página, estaba mi pájaro, el avetoro americano. Ese descubrimiento cambió mi vida. En ese momento no lo sabía, pero me había iniciado en mi camino profesional. Un camino en el que sigo avanzando hoy día».

     

 

Aunque la dedicación de Rob al mundo natural comenzó con las aves, fueron las abejas las que le llevaron por primera vez a Hawái. 

 

«Primero me mudé a Hawái para trabajar en un empleo de temporada mientras estudiaba. Trabajaba para un apicultor comercial que criaba abejas reinas, algo que yo ya había hecho desde el instituto. 

 

Llegué a Hawái sin conocer prácticamente nada de las islas. Me quedé boquiabierto. Al aterrizar en Kona me cautivaron al instante los campos de lava. Al entrar en la autopista desde el aeropuerto, una pareja de pájaros myna comunes cruzó la carretera a saltos. Casi provoco una accidente al detenerme para identificarlos. 

 

Cuando llegué al sur profundo de Kona, ya estaba prendado y abrumado por las preguntas y el asombro. Había aterrizado en uno de los mayores escenarios de la historia natural de la Tierra en completa ignorancia».

 

La relación de Rob con Hawái fue amor a primera vista, pero su aprecio por el senderismo tardó un poco más en construirse. Fue en la universidad de Boulder, Colorado, donde el senderismo se convirtió en algo más que un medio de transporte. 

 

«No fue hasta que me mudé a Boulder que descubrí una comunidad dedicada al senderismo. Gente que caminaba por el simple placer de caminar. Incluso hoy en día, cuando hago de guía en excursiones, me resulta difícil no contar historias por el camino, pero tengo que callarme para mantener el ritmo».

     

 

Las historias forman parte del trabajo de Rob tanto como el senderismo. De hecho, fueron las historias de los paisajes de Hawái las que le hicieron volver a las islas después de la universidad, y es compartir esas historias, y proteger a sus protagonistas, lo que le ha mantenido allí durante 30 años.

 

«Al principio me sorprendió que muy poca gente que vivía en el archipiélago por no decir sus visitantes, comprendiera la extraordinaria historia natural de Hawái», explica Rob. 

 

«Hawái no sólo es uno de los mayores tesoros de la naturaleza del planeta, sino también uno de los ecosistemas más amenazados, un peligro que se extiende por supuesto a sus especies autóctonas.  Tenemos una de las tasas de extinción más altas de la Tierra» .

 

«Este hecho tenía que darse a conocer para poder de alguna manera frenar la desaparición. Más tarde, llegué a la convicción de que los humanos también necesitan la naturaleza en sus vidas para estar sanos y espiritualmente completos. El poder de los paisajes hawaianos, la facilidad con la que sus historias se revelan al visitante era una forma directa de conectar a los visitantes con la naturaleza».

 

Igual piensas que Rob se aburre de contar las mismas historias una y otra vez. Te equivocas. Las islas de Hawái son únicas no sólo por sus paisajes, sino por su constante evolución.

 

«Piensa en Hawái por un momento. Unos volcanes surgen en medio de un enorme océano creando este archipiélago tan aislado. Aunque esté extremadamente aislado, la vida se abre paso. Esa vida se transforma entonces en especies nuevas, únicas y endémicas. 

 

Piensa en Madagascar, las Galápagos... Hawái es igual de profundo y, en muchos aspectos, supera el relato evolutivo que encontramos en esos lugares».

 

En los últimos tiempos, Hawái, como gran parte del mundo, se ha vuelto un poco menos salvaje. Pero en el ámbito de la conservación se están haciendo progresos.  

 

«Hawái es un archipiélago muy poblado y bullicioso, la mayoría de cadenas de tiendas del continente están presentes aquí y también hay grandes centros comerciales», dice Rob. 

 

«Desde el punto de vista de la conservación, las cosas han mejorado en algunos campos. Cientos de miles de hectáreas han pasado de tierras para pastos a la gestión de los recursos autóctonos. El público general es mucho más consciente de los ecosistemas únicos de Hawái y de que sus recursos naturales están en peligro, por lo que hay mucho más compromiso y apoyo popular.

 

Rob y el equipo de Hawaii Forest and Trail han aportado su granito de arena para aumentar el respeto y la comprensión de los ecosistemas de archipiélago. Impulsados por el lema: “la conservación comienza con la educación”, Rob y su equipo trabajan con estudiantes en escuelas, patrocinando excursiones gratuitas y plantando árboles. Al conectar a la próxima generación de guardianes con su isla y su pasado, están ayudando a proteger su futuro. 

   

 

Cuando no hace de guía, sale solo de senderismo, lo que ha conectado a Rob aún más con las historias y leyendas (o moolelo, como se dice en hawaiano) de las islas. 

 

«Sinceramente, lo que más me gusta es el senderismo en solitario», dice Rob. «Cuando salgo solo, se me aclara la mente y se me tranquiliza el alma.»

 

«Hace muchos años exploré el Valle de Pololu. Terminé en un barranco profundo en el lecho de un arroyo seco, un callejón sin salida. Este barranco es un fiordo seco, con acantilados que se elevan cientos de metros desde el fondo del valle. 

 

No quería volver a la selva, así que decidí escalar la pared para volver al pie del valle.  No fue una decisión muy inteligente. Acabé teniendo que subir por un acantilado muy embarrado y casi vertical agarrando guayaberas y arañándome por todos lados. Mis manos estaban para verlas. Tenía arañazos por todos los brazos y en algún momento perdí mi machete. Cuando por fin llegué a la cima, me tumbé agotado intentando ignorar el enjambre de mosquitos.  

 

Mientras descansaba y recuperaba el aliento me acordé de repente de un viejo moolelo.  Se trata de la creación del primer hombre en Hawái. En las profundidades del volcán Kohala, Kane, una de las cuatro deidades primarias hawaianas, se fabricó una criatura de palos como compañía. 

 

Al principio, el hombre palo tenía los brazos y las piernas rectos. Kane vio que le resultaba difícil caminar por los escarpados valles de la montaña, así que cogió un garrote y partió los brazos en dos para hacer codos Luego rompió las piernas para hacer rodillas. Ahora el hombre palo podría moverse mejor: ¡podría caminar por la naturaleza!

 

A medida que el hombre palo subía y bajaba por las paredes del valle, los extremos de los palos se astillaban y así fue como se crearon los dedos de los pies y de las manos. Realmente empaticé con esa historia en este duro momento y di gracias por acordarme».

 

Así que Rob sabe mejor que la mayoría que el paisaje de Hawái puede ser tan brutal como hermoso. Cuando le entregamos un par de nuestras botas de montaña Cloudridge para que las probara, sabíamos que iba a ser una prueba seria. 

 

«Hawái es un lugar increíblemente difícil para mantenerse equipado adecuadamente,» explica Rob. «Aquí podemos experimentar un año de estaciones en una sola salida. Y no estoy exagerando. El terreno puede ser implacable y accidentado. He destruido un par de botas nuevas varias veces caminando en los campos de lava o haciendo espeleología.

  

 

Mi primera impresión de las Cloudridge fue su ajuste perfecto. Soy de la opinión de que las botas deben ser cómodas cuando te las pones por primera vez, y lo son. Y han mejorado aún más a medida que las he usado. Me gusta lo ligeras que son, a la vez del fuerte apoyo y la gran resistencia que ofrecen. Los cordones son exactamente como me gustan, es fácil de conseguir una buena tensión uniforme a través del pie. 

 

Me ha sorprendido la suela. Cuando me las puse por primera vez me parecieron muy cómodas pero con mucho agarre, me pregunté cómo aguantarían en la lava. Son muy resistentes. Otra cosa que le ocurre a las botas aquí, especialmente a las botas ligeras, es que es fácil rasgar el material de los laterales y la puntera con la roca afilada y la vegetación tropical. Hasta ahora, las Cloudridge han sido a prueba de bombas. Ah, y transpiran muy bien».

 

Además de una prueba seria sobre el terreno, nuestro equipo de productos también las someterá a una prueba de longevidad. Desde que salió por primera vez del Océano Pacífico hace cinco millones de años, la historia de Hawái nunca ha dejado de evolucionar. Y Rob Pacheco seguirá contando las historias sobre el archipiélago a todo aquel que muestre interés. 

 

A la pregunta de si alguna vez se cansará de hacer senderismo, la respuesta de Rob es inequívoca:

 

«Nunca.»

      

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