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Corriendo con frío

Correr con frío requiere un tipo de valentía especial. Mientras que otros no salen y optan por ambientes familiares, obligarte a salir de tu zona de confort y enfrentarte a gélidas temperaturas no es tarea fácil.

    

Incluso cuando los días invernales más implacables han pasado, el aire todavía puede ser terriblemente frío. Con horas de luz solar aún escasas y con condiciones climáticas impredecibles, correr al aire libre cuando hace frío puede ser sumamente duro. Pero con la equipación adecuada, un buen calentamiento y una saludable dosis de determinación, puedes llegar a sitios donde otros no llegarán.

 

Entonces, ¿cuáles son los beneficios de correr con frío?

 

Correr con frío no es fácil. La resiliencia que desarrollarás y la fuerza mental que descubrirás al obligarte a salir a correr con tales desafíos te aportarán importantes beneficios. Solo tienes que imaginarte lo poderoso y preparado que te sentirás en esas carreras de primavera al tener una ventaja sobre tus competidores.

  

 

Un invierno largo seguido de días primaverales fríos significa que es fácil pasar semanas enteras en el interior. Y perdernos las escasas horas de luz solar por estar ocupados en el escritorio puede tener un gran efecto en nuestro estado de ánimo y puede provocar que nos sintamos reclusos y letárgicos. Salir a correr a la luz del alba o salir en la hora de la comida ayuda a acabar con la reacción claustrofóbica, además de sumar una dosis de vitamina D y la oportunidad de obtener un chute de energía sin cafeína para superar el bajón de media tarde. Y cuando las temperaturas descienden, el cuerpo tiene otras cosas de las que preocuparse que de poner un pie delante del otro. También hay que esforzarse por mantener la temperatura. Así que puedes añadir algunas calorías más a tu cantidad habitual, dado el esfuerzo extra que supone mantener tu cuerpo a una temperatura óptima.

 

Antes de que puedas cosechar los beneficios de correr con frío, hay ciertos aspectos que debes considerar.

   

El primer paso es siempre el más difícil. Despegarte de la comodidad de la cama, del sofá o del escritorio puede requerir una gran motivación cuando el clima no nos acompaña. Pero si te centras en lo bien que te sentirás después, será más fácil ver por qué ese esfuerzo habrá valido la pena. Si necesitas un empujón extra para cruzar la puerta, intenta poner algo de música que transmita energía. La atleta de On Katie Schide dice «...cuando necesito un poco de motivación antes de salir a correr un día especialmente frío y húmedo en la ciudad, me pongo alguna canción de One Direction o de Taylor Swift».    

    

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Cuando estés mentalizado para salir, necesitarás la equipación adecuada. Conoces la sensación: ese golpe punzante en el pecho mientras llenas los pulmones con esa primera bocanada de aire frío. Es demoledor. Es tentador usar muchas capas para mantenerte bien caliente, pero ya verás que pronto te molestará ese calor adicional cuando estés en marcha.

    

La clave para regular la temperatura corporal es asegurarte de que usas telas de calidad y que tienes la cantidad correcta de capas.

 

Como norma general, una capa base, una camiseta transpirable de manga larga, una chaqueta ligera y resistente al viento y unas mallas largas deberían mantenerte protegido sin aportar un exceso de calor. Por supuesto, depende de la rapidez con la que tu cuerpo se calienta y de tus preferencias personales.

     

 

El calentamiento es una parte esencial de practicar ejercicio, pero es especialmente importante estar bien preparado antes de salir a correr cuando hace frío. El calentamiento activa el sistema cardiovascular para elevar la temperatura corporal y aumentar el flujo sanguíneo hacia los músculos. Un buen calentamiento reducirá la posibilidad de lesiones y ayudará a aumentar la agilidad mientras corres. Calentar correctamente es tan importante, como reservar tiempo para un enfriamiento adecuado estirando los músculos. Echa un vistazo aquí a nuestra guía de calentamientos y enfriamientos.

    

        

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Cuando el clima es frío y húmedo, patinar o resbalarse sigue siendo una gran preocupación de los corredores. Encontrar inesperadamente hielo, caminos húmedos o una fuerte ráfaga de viento pueden hacerte perder el ritmo. Hay varias cosas que puedes hacer para reducir el riesgo de una caída. En primer lugar, reduce la velocidad y toma las curvas a lo largo y a lo ancho. Aumenta tu cadencia; en lugar de dar zancadas largas en arco, da pasos más cortos que te aporten una tracción extra sobre el asfalto, coloca la presión de pisada en la mitad del pie y no en el talón. Y, por supuesto, todo esto debe hacerse con las zapatillas de running adecuadas.

     

    

Tanto si eres un corredor experimentado que sale a correr al aire libre todo el año, o como si acabas de empezar a sumar kilómetros con frío a tu programa de entrenamiento, la recompensa sigue siendo la misma para todos. Y procede de tu coraje y determinación. Te has resistido a esa fuerza de atracción que no te deja salir de tu zona de confort y, en cambio, has elegido seguir bajo el lema «no hay excusas» y has salido a correr. Disfruta de los estiramientos durante el enfriamiento, de la ducha caliente y del subidón de endorfinas porque ese brillo que aparece después de hacer ejercicio es un poco más dulce cuando has corrido con un clima adverso.  

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